lunes, 19 de marzo de 2007

POESIA de Paolo Astorga


Afuera

Afuera
sólo existe el estío.
Hay muchos rincones invisibles donde soñar
hay mucha arena para llenar nuestros zapatos,
y sólo hay un lecho
un nombre que abandona nuestras bocas.
Afuera
sólo silencio.
Viejos amores en cuclillas caminan dejando sus semillas
y detrás de sus espaldas
derriban las estatuas
sin saber nunca
que son ellos mismos
los que hirieren sus ojos bajo la luz
de un horizonte incomprendido.



Óleo

Ven, acércate a mi rostro y empújalo lentamente hacia la pista.
Es de tarde
y caminar por estas calles es desaparecer
con la cornisa de mis ojos
y sin saber cómo estallar en el más desolado silencio.



La voz de las dalias

Donde escapan las aves
mi figura existe en un trozo de mañana
inmortal
sin sombra
y entre hormigas invisibles
recorriendo mi dorso desnudo.

La tristeza es mansa
entre los tardíos parques bostezantes
y las tablas de un puerto apartado de mi vientre
que me llama
susurrando una historia.



La matanza (desde un mundo subterráneo)

Pero yo lo vi acurrucado entre cartones viejos
y hediondas prendas rojas.
Él me miró siempre con su ojo izquierdo
y un camino derribado crujió silvestres cantos
de zampoña
que iban cayendo por debajo de las piernas y la piel
de una iguana enceguecida por el trigo.
Dos hombres temblaban cerca al pozo
y una de sus mujeres miraba el cielo pálido
mientras la luna turbulenta y celeste pregunta por sus cuerpos.
Ni una voz
ni el bramar de un murmullo,
derribados por el estupor de sus frentes sudorosas
tocaron sus dedos
y se ataron al olvido.



Poema para desesperar en una avenida

Inventar una voz que comience levemente sola
y devuelva a la garra de un águila
es hacer que mis párpados se cierren a la belleza de tus formas
y sólo lea mi diario
con una cruda mirada de resignación.
Nadie me dijo
qué profundidad tenía el río
donde nos ahogábamos alegremente
sin dudar de nuestra inmortalidad.
Garabatos entre tus piernas y almíbar en tus labios,
garabatos, tachadas palabras que se encuentran
y se vuelven a encontrar
en las muertes cotidianas
de mi propia muerte desempleada.

Paolo Astorga

2 comentarios:

Adrianita dijo...

Interesante blog, me encantó!
Saludos

Anónimo dijo...

saludos afecuosos de cristian cruz