domingo, 9 de marzo de 2008

Los libros de Google




Por Jorge Paredes









Cuando Google anunció en el 2004 la digitalización de unos 15 millones de libros hubo entusiasmos desmedidos y críticas severas. Ahora cuando el buscador más famoso se apresta a celebrar su primera década, aparece un libro que cuestiona este proyecto, llamado Google Book Search. La polémica está abierta.

Esta historia se remonta al 14 de diciembre del 2004. Ese día, Google -el buscador más importante de la red que factura tanto o más que la Coca Cola y que atiende mil millones de consultas al día- anunció desde su matriz en Mountain View, California, la creación de Google Print, un proyecto faraónico que prometía digitalizar unos quince millones de libros impresos. El objetivo era ofrecer gratuitamente, en línea, las obras que estuvieran en el dominio público hasta 1930 y las impresas después con una pequeña remuneración. Para ello contaba con el apoyo de las bibliotecas de las universidades de Stanford y Michigan y con el consentimiento de la Biblioteca Widener, de Harvard, y de la Biblioteca Pública de Nueva York. Desde Londres, la Biblioteca Bodleiana de Oxford también se sumaba al anuncio y ofrecía sus obras anteriores a 1900. El proyecto, sin duda, levantó entusiasmos desmedidos, pero también algunas críticas severas. Jean-Nöel Jeanneney, entonces presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, fue el primero en salir al frente y este libro (El día que Google desafió Europa, Editorial Peisa / Lom) sustenta los temores de un hombre europeo frente a un proyecto que él no tardó en calificar como "asunto estadounidense".

Vamos por partes. En primer lugar lo que se cuestiona aquí no es la idea de fondo, la de digitalizar obras impresas, sino la forma en que se llevaría adelante esta iniciativa. Es decir el criterio de selección de las obras y lo que el buscador más famoso de la red entendía por "universal". Jeanneney lo explica así: "En contradicción con lo que han soñado los editores del siglo XIX, no puede existir una biblioteca universal, salvo una que, como mucho, ofrezca miradas específicas sobre lo universal. Por fuerza debemos hacer elecciones todo el tiempo. Podemos calcular en más de un centenar de millones las obras impresas por la humanidad después de Gutenberg (.). La cantidad prometida por Google, que en términos absolutos es impresionante, no corresponde más que a un pequeño porcentaje de esa inmensidad. Hay, pues, que interrogarse sobre los libros que van a componer su selección y los criterios que conducirán a determinar la lista de los elegidos.

Y si Google, consciente de este punto, anuncia un plan -hasta ahora incierto- de clasificación, el debate sobre la validez que ésta pueda tener y sobre el eventual imperialismo que por medio de ella se impondría, no es solamente legítimo, sino sobre todo necesario, ya que corremos el riesgo de que esa selección se imponga en detrimento de una herencia de siglos de sabia reflexión". Y líneas más adelante concluye: "Nos encontramos, entonces, frente a una preocupación cívica que tiene que encarar varios peligros potenciales. El primer riesgo es que, en lo que respecta a las obras cuyos derechos patrimoniales ya han caído en el dominio público, la lista de prioridades favorezca a las expresiones de la cultura anglosajona. También, el peligro de que, por el lado de aquellas obras cuyos derechos están aún protegidos, solo nos sea permitido el acceso a apetitosos extractos en forma de 'avisos publicitarios'; y que, como consecuencia de ello, a medida que transcurra el tiempo, el peso de los editores estadounidenses se torne aplastante".

El trasfondo de esta discusión queda bastante claro. Es eminentemente político. Europa, que con la imprenta dominó Occidente, versus Estados Unidos, que tiene en Silicon Valley, algo así como el símbolo del nuevo poder ejercido por Internet. Y tiene que ver en palabras de Jeanneney con el peligro que un proyecto de esta envergadura representa para la cultura europea y la de países periféricos de Africa, Asia o de América Latina, con lenguas y poblaciones minoritarias. La supremacía anglosajona (Estados Unidos y el Reino Unido) en la red que, en últimas instancias, es también la hegemonía de un modelo cultural regido estrictamente por "la mano invisible" del mercado y la publicidad.

Un mercado que, nos recuerda el bibliotecario francés, organiza generalmente los circuitos de acceso culturales a favor de los productos más elementales, los menos desafiantes o los más banales. O en circunstancias extremas, que organiza los enlaces de acuerdo a los intereses políticos de un estado o de un gobierno, como sucedió -y lo recuerda también este libro- con el acuerdo firmado entre Google y el gobierno chino para censurar algunas páginas del buscador como requisito previo para que el gigante estadounidense pudiera ingresar al mercado más sobrepoblado del globo. ¿Sucederá esto con los libros del proyecto de Google?

NAVEGANDO
Los criterios con los que Google organiza la información en la red también son cuestionados por Jeanneney. Es cierto que cuando uno pulsa una palabra en el buscador se abren decenas, cientos, miles y a veces millones de opciones, pero también es verdad que nadie, o pocos, avanzan más allá de las primeras diez páginas. Por ello es clave conocer el criterio con que Google jerarquiza estos enlaces. La fórmula, dicen en Mountain View, es logarítmica y está definida, entre otros aspectos, por la cantidad de entradas que tiene cada página. Esto hace que las páginas más buscadas lo sean cada vez más, convirtiéndose obviamente en las más rentables. "Podemos fácilmente darnos cuenta de que, visto el peso del registro de las consultas (.), es un sistema donde el éxito va al éxito, a expensas de los recién llegados, de las minorías y de los marginales", escribe el ex director de la BNF.

Obviamente todo lo que plantea el libro son conjeturas a partir de un proyecto puesto en marcha por Google -llamado ahora Google Book Search-, el cual puso en alerta a los países europeos para diseñar un modelo alternativo, de carácter público y que no esté regulado necesariamente por el mercado. Conjeturas propias de un siglo donde lo que sucede en el mundo virtual incide cada vez más en el mundo real, en la sociedad, la cultura, la educación y la política. Con el tiempo los cerebros californianos han transformado el Google Book Search en un motor de búsqueda de reseñas, referencias, mapas, lectura y compra de libros -los de dominio público se pueden bajar gratuitamente-. Con todo, está todavía lejos el sueño de Borges de poder acceder a una biblioteca absoluta que contenga todos los libros producidos por el saber humano. Una quimera que tendría que vencer, primero, las barreras impuestas por quienes pretenden arrogarse la hegemonía de lo universal.

OPINIÓN
Javier Protzel (Universidad de Lima) Pese a que deba felicitarse a Google por la inmensa información que brinda y por los convenios que ha suscrito con las universidades Complutense de Madrid, de Oxford y de Harvard para digitalizar las colecciones que conservan en sus bibliotecas, los reparos de Jean-Noël Jeanneney me siguen pareciendo válidos. No olvidemos que Google acapara aproximadamente el 70% de las búsquedas mundiales de la World Wide Web. En el proyecto Google Book Search, qué duda cabe, se está afirmando una vez más la hegemonía de la lengua inglesa. Frente al estereotipo de unos Estados Unidos cosmopolitas y abiertos al mundo deberá notarse que solo el 3% de las publicaciones de ese país son traducciones de lenguas extranjeras. La expansión del inglés como lingua franca académica ha hecho retroceder a otras lenguas y ha llevado a subestimar a los autores no traducidos al inglés. Aunque el Google Book Search arguya ser un motor de búsqueda multilingüe, ello no impide que la mayor parte de los sitios a los que da acceso estén en inglés, lo cual va habituando al internauta no angloparlante a contentarse con la lectura en ese idioma. A esto se agrega que la mayoría de las publicaciones que Google escanea y pone a disposición estén escritas en inglés, o bien sean traducciones de otras lenguas. Por otro lado, cada consulta al buscador inevitablemente selecciona y jerarquiza, puesto que al lado del privilegio lingüístico está el criterio comercial que le da a Google sus ganancias: a mejor pago del anunciante en la subasta, mayor prioridad obtenida en la larga lista de links publicitarios que aparecen al lado derecho de la pantalla, predominando la lógica del marketing. La propuesta de Jeanneney se orienta en cambio a la formación de un gran motor de búsqueda multilingüe y de alcance universal, sin fines de lucro, cuyos primeros pasos están dando las bibliotecas nacionales de varios países europeos.



miércoles, 20 de febrero de 2008

Abraham Valdelomar (Dos Poemas)


TRISTITIA

Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.

Dábame el mar la nota de su melancolía;
el cielo, la serena quietud de su belleza,
los besos de mi madre una dulce alegría
y la muerte del sol una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado del mar.

Lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar...



EL HERMANO AUSENTE EN LA CENA DE PASCUAL

La misma mesa antigua y holgada, de nogal,
Y sobre ella la misma blancura del mantel
Y los cuadros de caza de anónimo pincel
Y la oscura alacena, todo, todo está igual…


Hay un sitio vacío en la mesa hacia el cual
mi madre tiende a veces su mirada de miel
y se musita el nombre del ausente; pero él
hoy no vendrá a sentarse en la mesa pascual.


La misma criada pone, sin dejarse sentir,
la suculenta vianda y el plácido manjar;
pero no hay la alegría ni el afán de reir

que animaran antaño la cena familiar;
y mi madre que acaso algo quiere decir,
ve el lugar del ausente y se pone a llorar…

(De Las voces múltiples)

martes, 19 de febrero de 2008

Todo sea por amor


Por Moisés Sánchez Franco



A veces como un testimonio de las sensaciones más elevadas, a veces como un relato de una historia mágica, desventurada, violenta, pero a su vez inolvidable, el amor ha logrado cristalizarse, en sus diversos rostros, en numerosas obras de la literatura occidental. He aquí una caprichosa selección de diez grandes amores que se han convertido en paradigmas y fuentes de inspiración para poetas, músicos, cineastas y amantes:

1) ORFEO Y EURÍDICE
Entre los mitos griegos destaca el del cantante y citarista Orfeo, que descendió hasta el mundo de los muertos por su amada Eurídice. Hades, dios de los infiernos, decide entregarle a la bella náyade con la condición de que durante el viaje al mundo superior no la mire. En un momento aciago del retorno, Orfeo duda de que Eurídice lo esté siguiendo. Cuando volvió la mirada, perdió para siempre a su amada esposa.

2) HELENA Y PARIS
Nunca más en la historia de la literatura la pasión desbocada por una mujer originó una trascendental guerra. Paris, el hermoso príncipe de Troya, secuestra a Helena, la mujer más bella de Grecia y esposa de Menelao. Este hecho origina la célebre Guerra de Troya. En la Ilíada, Homero retrata a Helena como un ser que se debate entre el amor a su secuestrador y el recuerdo de su esposo. No obstante, la tradición ha preferido la versión de una Helena y de un Paris que sostienen su amor ilícito en medio del estruendo de la batalla más famosa de todos los tiempos.

3) CATULO Y LESBIA
El romano Catulo es el cantor del desengaño amoroso por excelencia. Catulo sentía una fascinación por Clodia, una mujer casada. Para homenajear la cultura de su amada, Catulo la llamó en sus poemas "Lesbia", que refería a Lesbos (patria de Safo). Pero la pasión del poeta terminará abruptamente al comprobar el carácter ninfómano de su amada. Así un dolido Catulo despotrica: "que (Lesbia) viva y lo pase bien con sus amantes, /esos trescientos que estrecha a la vez en sus brazos".

4) TRISTÁN E ISOLDA
La historia de Tristán e Isolda es la leyenda de amor más grande del Medioevo. Marc, rey de Cornualles, envía al fiel Tristán a pedir la mano de la princesa irlandesa Isolda. En el viaje de retorno a Cornualles, Tristán e Isolda beben por casualidad una poción mágica que condena a quienes la toman a amarse por siempre. Su descontrolado amor, como era de esperarse, ofende al rey Marc y provoca una serie de hechos desafortunados. Con el tiempo, el rey perdona a Isolda y le ordena a Tristán que se aleje de su reino. Pero la pareja nunca deja de amarse. En su lecho de agonía, Tristán pide la presencia de su amada, quien lamentablemente llega tarde. Devastada por el dolor, Isolda abraza el cadáver de Tristán, lo besa y no tarda en morir para unirse definitivamente con su amado.

5) CALISTO Y MELIBEA
En la saga de los amores desgraciados destaca la obra de Fernando de Rojas Tragicomedia de Calisto y Melibea (1499), conocida popularmente como La Celestina. Calisto es un joven de origen noble y Melibea una joven rica y serena. Luego de sufrir el rechazo de Melibea, Calisto recurre a los servicios mágicos de Celestina, quien logra convencer a la bella joven. Las malas artes de Celestina provocan una serie de sucesos violentos que derivan en la muerte de Calisto. Al enterarse de este hecho, Melibea se suicida arrojándose desde una torre ante la mirada despavorida de su padre.

6) ROMEO Y JULIETA
Cuando acaba el siglo XVI se difunde la famosa tragedia Romeo y Julieta, donde se relata el desgraciado pero devoto amor del apasionado Romeo Montesco por la candorosa Julieta Capuleto. Shakespeare, con su lenguaje culterano, inmortalizó el drama de la pareja que intenta sobreponerse con pasión a los conflictos familiares. Al final de la obra, un desesperado Romeo, creyendo a su amada muerta, bebe de una copa envenenada y Julieta, al encontrar el cadáver de su amado, se hiere mortalmente con una daga.

7) WERTHER Y CARLOTA
Si el romanticismo tiene una figura paradigmática del amor, es el protagonista de la novela epistolar Werther (1776) de Goethe. El texto relata el amor desdichado del joven Werther por Carlota, una joven comprometida. Imposibilitado de declarar su amor y profundamente desesperado, Werther se mata de un disparo. Esta gran novela, como era de esperarse, causó gran sensación y provocó en los lectores amantes del siglo XVIII una ola irrefrenable de suicidios.

8) JUAN PABLO CASTEL Y MARÍA IRIBARNE
La soledad díscola de las relaciones amorosas modernas quedó encarnada en el romance tormentoso del pintor Juan Pablo Castel y la enigmática María Iribarne, protagonistas de El túnel (1948) de Ernesto Sabato. Castel y María sostienen un amor sórdido y signado por la incomunicación. Conforme avanza la relación, María se muestra cada vez más misteriosa y abyecta para el atormentado Castel, quien en un arrebato de locura termina matándola a cuchillazos.

9) LA MAGA Y OLIVEIRA
La Maga y Oliveira, protagonistas de Rayuela (1963) de Julio Cortázar, conforman la pareja símbolo del amor lúdico, intelectual y apasionado que redescubrió en París el lado metafísico de la cotidianidad. Mediante el erotismo, la reformulación del lenguaje y el ludismo, estos inolvidables amantes buscaron fusionar en su amor lo real y lo fantástico, lo intelectual con lo intuitivo. Sin embargo, el proyecto queda trunco debido a la muerte de Rocamadour (hijo de La Maga) y la partida definitiva de Oliveira a Buenos Aires.

10) FERMINA DAZA Y FLORENTINO ARIZA
El amor que se sobrepone a los avatares del tiempo encuentra una magnífica representación en el conmovedor romance de Fermina Daza y Florentino Ariza, protagonistas de El amor en los tiempos del cólera (1985) de Gabriel García Márquez. Esta pareja esperó por más de cinco décadas para concretar su romance. La novela tiene además el curioso encanto de celebrar los deleites voluptuosos de las parejas maduras.

Los ríos profundos (fragmento)


" El canto del zumbayllu se internaba en el oído, avivaba en la memoria la imagen de los ríos, de los árboles negros que cuelgan en las paredes de los abismos.-¡Zumbaylllu, zumbayllu! Repetí muchas veces el nombre, mientras oía el zumbido del trompo. Era como un coro de grandes tankayllus fijos en un sitio, prisioneros sobre el polvo. Y causaba alegría repetir esta palabra, tan semejante al nombre de los dulces insectos que desaparecían cantando en la luz. "

Existencialismo y psicoanálisis


Por Carlos de la Puente
El Comercio.


La relación entre el existencialismo y el psicoanálisis ha sido de una confrontación productiva. Las críticas de Jean Paul Sartre, en El Ser y la Nada y de Maurice Merleau-Ponty, especialmente en Fenomenología de la Percepción, han servido y sirven al psicoanálisis para renovarse. No importa que el psicoanálisis no haya elaborado explícitamente las críticas de estos dos filósofos franceses. No pocas influencias intelectuales se producen al margen de las citas y de la discusión abierta. Más importante es que dentro del psicoanálisis contemporáneo hay movimientos e ideas que son deudoras intelectuales de los trabajos que Sartre y de Merleau-Ponty escribieron entre los años 40 y 50 del siglo pasado.

Sartre y Merleau Ponty debieron discutir el psicoanálisis al tratar el tema del deseo, algo central en la teoría psicoanalítica. En este asunto ambos se alejaron de su inspirador Martin Heidegger, en cuya filosofía el deseo sexual es inexistente. Sartre y Merleau Ponty, en cambio, consideraron que una ontología del ser humano es incompleta si no aborda el tema de la sexualidad.

Para Sartre, el deseo no es una pieza aislada de contenido mental, por decirlo de alguna manera. No se puede entender la sexualidad como una energía o una fuerza psico-biológica al margen de la situación de los seres humanos. Los impulsos sexuales deben entenderse como esencialmente ligados (esencial significa aquí interna y necesariamente) a las relaciones humanas. El deseo es, por lo tanto, el nombre de algunas actitudes que los seres humanos asumimos en nuestras interacciones con nuestros congéneres.

En el Ser y la Nada (1943), Sartre atribuyó al psicoanálisis esta comprensión -digamos mecánica- del deseo, descrita en el párrafo anterior. Sin embargo, le parecía que las ideas de Freud, a pesar de estas confusiones, habían contribuido a la comprensión del ser humano. Entonces Sartre postuló lo que él llamó el "psicoanálisis existencial", que rescataba conceptos psicoanalíticos y les daba un contenido existencial. Básicamente Sartre disiente del psicoanálisis en torno al impulso sexual como la explicación última de la conducta. No son los "impulsos", pensados como fuerzas impersonales, sino más bien lo que el ser humano hace con esos impulsos lo que explica nuestras acciones y nuestros deseos. Hay entonces algo más primordial que las pulsiones y esto es la decisión de la persona acerca de su propia existencia.

Para Sartre el deseo es una de las "relaciones concretas con los demás". Deseamos a otra persona para apoderarnos de su subjetividad. Lo que queremos de él o ella son sus deseos, sus fantasías, sus infinitas posibilidades como ser humano; queremos encapsular o engullir, diremos, su libertad y su capacidad de movimiento. Dicho sea de paso, para este autor esta es una tarea imposible y por eso aquello que deseamos constantemente se nos escurre de las manos. Aunque Sartre no fue el primero en formularla, esta idea del deseo como la búsqueda de aquello que no puede tenerse tuvo influencia en el posestructuralismo y en ciertas corrientes del psicoanálisis francés.

Cercano a Sartre, Maurice Merleau-Ponty hizo de la crítica a las principales corrientes de la psicología uno de sus objetivos fundamentales desde sus primeros trabajos. En este sentido la idea más importante de Merleau-Ponty es que existe una interacción constante, dialéctica se diría, entre el organismo y el entorno. Ambos se modifican constantemente y por lo tanto no cabe, como sostienen algunas corrientes psicológicas, estudiar a uno sin el otro. No cabe por lo tanto estudiar la conducta o la mente sin considerar el mundo que la rodea. Incluso el estudio de las "respuestas" de un animal a sus estímulos, no debe obliterar, como hacen los conductistas, esta relación entre individuo y ambiente.

Merleau-Ponty aplica este concepto en su segundo gran trabajo, La Fenomenología de la Percepción, cuando se ocupa con más detalle del psicoanálisis. En este libro rechaza la idea de la líbido como una fuerza al margen de una conciencia cuya principal actividad es la de interactuar con el medio, para modificarlo y acomodarse a sus influencias. Los impulsos sexuales, por ejemplo (y creo que lo mismo es válido para los agresivos) están subordinados al accionar de esa conciencia o esa subjetividad. Ahora bien, Merleau-Ponty es el filósofo del cuerpo.

Nadie insistió tanto como él en el rol fundamental del cuerpo en cualquier actividad humana, incluidas por supuesto el pensar y el hablar. Pero a él no le interesó lo que el cuerpo pudiera decir a través de, por ejemplo, las sensaciones físicas o internas que acompañan al deseo sexual. A él le interesó el cuerpo como ese gran instrumento que define nuestra posición en el mundo.

Para ilustrar sus ideas Merleau-Ponty analiza en este libro el caso de una joven mujer que dejó de hablar cuando sus padres le prohibieron ver a un hombre que ella amaba. Para Merleau-Ponty el psicoanálisis podría diagnosticar esta conducta usando el concepto de "fijación oral". Para él en cambio, aunque es probable que la boca haya sido, en el caso de esta chica, el centro de lo que en psicoanálisis se llama una fijación, lo que explica su conducta es más bien su decisión de rechazar sus vínculos con el mundo. El quedarse callada o el no poder hablar es una manera, casi intencional, de deshacerse del lenguaje, que es el medio que la une a los demás.

Siguiendo este ejemplo diríamos que lo que explica la conducta son las estrategias -concientes o inconcientes, reflexivas o prereflexivas- que una persona utiliza para bregar con las exigencias de su ambiente.

Tal vez postular una "influencia" desde Sartre y Merleau-Ponty al psicoanálisis sea aventurado. Pero debemos reconocer cuando menos que los nuevos desarrollos en psicoanálisis tienen una familiaridad con las ideas de estos dos autores. La idea del sí-mismo, la postulación de un psicoanálisis interrelacional, la convicción de que no existen impulsos fuera de las relaciones humanas, la reformulación del complejo de castración, el mayor énfasis en la autonomía y la dependencia en los primeros años de vida antes que en las zonas erógenas, son cosas conceptualmente emparentadas con las ideas de estos dos autores. No se puede negar el genio de Freud y menos aún el avance que su trabajo representó en la comprensión del ser humano. Pero al mismo tiempo la obra de estos filósofos parece haber contribuido a instalar en el psicoanálisis la idea de que mente y mundo no están separados, como Freud por momentos pareció creer.

El tesoro de la juventud


Enrique Planas
El Comercio, Lima 25/08/05

La culpa, el deseo, el descubrimiento del cuerpo Con "El goce de la piel", uno de nuestros mayores escritores nos ofrece su más breve e intensa historia Homoerótica.

"Creo en la carne y en los apetitos, ver, oír, tocar... Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco o me toca" decía el tormentoso, carnal y sensitivo poeta Walt Whitman en su "Canto a mí mismo". El escritor Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) lleva una melodía parecida con su nuevo libro "El goce de la piel", en cuya historia el cuerpo y la belleza masculina obsesionan a un narrador que recuerda diferentes momentos de su vida unidos por un personaje con muchos rostros pero un solo nombre: Malte. En esta novela corta, aquel goce tiene que ver también con la represión. La celebración de la piel se acompaña por la imposibilidad del contacto. ¿Por qué? "Por la moral católica --responde abiertamente el escritor--. En el Perú la gente vive reprimida porque desde niños se recibe en la familia y la escuela una educación represora. No hemos salido aún del medioevo, no hemos descubierto el renacimiento. Yo creo que este libro es subversivo, y que tiene varias capas: habla del descubrimiento del renacimiento a través de la belleza de los cuerpos, de la destrucción de la idea de Dios a través del descubrimiento del sexo, del triunfo de la belleza sobre cualquier esfuerzo de la sociedad por destruirla. Pero a pesar de eso, siempre hay un espíritu de represión. Una amiga poeta me dijo sobre este libro "en estos cuentos hay mucha piel y poca carne...".


En su temática homoerótica, este libro puede asociarse con tu anterior "En busca de Aladino"...
Yo diría que no solo con ese, sino con todos. En el fondo solo he escrito un libro con diferentes títulos y personajes.

El poeta Martín Adán, quien sufrió mucho por su deseo homosexual, aparece en tu libro. Se siente el respeto del narrador hacia el personaje, pero también el temor de convertirse en él.
Claro. Porque Martín Adán, uno de nuestros grandes poetas, sufrió toda la represión. Tuvo una formación religiosa que no pudo vencer. En determinado momento se sintió un fracasado, se alejó de todos.

Y todo ello por no poder vivir abiertamente su sexualidad.
Así es. Se sentía agredido, lo único que le quedó fue recluirse. Recuerdo mucho lo que me dijo sobre mi libro "Los inocentes" una tarde en el Palermo: "Oiga usted, he sentido un gran miedo al leer su libro. Miedo por usted. Porque alguien que escribe así va a sufrir mucho en el Perú. Es un magnífico libro. Cuídese", comentó. Eso me conmovió mucho. Hice la promesa de escribir como él, pero nunca ser como él. No dejarme vencer por nada. Y aquí me tienes ahora, voy a cumplir 75 años y no me he dejado abatir.

¿En tiempos en que el personaje gay se ha frivolizado en la literatura, sigue siendo un reto escribir sobre el deseo homosexual?
Depende. Actualmente, para que un cuento sea moderno necesariamente tiene que tener un travesti o un gay. Entran en la literatura como figuras decorativas, para que se diga que el escritor no tiene prejuicios. Pero tocan el tema desde afuera, no es una visión humana. Es el caso de Bayly. Tengo mis dudas de que sea bisexual. Él es un homofóbico. Presenta por televisión una imagen de caricatura del homosexual, tratando de besar a un hombre, bajándole los pantalones a otro. No hay ese sentido de la homosexualidad que podemos encontrar en los libros de Thomas Mann, Proust, o Hemingway.

¿Pero desde el escándalo que rodeó a "Los inocentes" a la generosa crítica de tu último libro, no sientes que el Perú es más tolerante?
Ha cambiado para bien, sí. Cuando publiqué "Los inocentes", en un colegio particular botaron al profesor que dio a leerlo. En algunos centros prohibieron mi entrada, porque en los periódicos me decían corruptor de menores. Ahora el libro se lee en los colegios y me invitan para hablar con los alumnos. Eso es un gran avance.


El goce de la piel
Autor Oswaldo Reynoso / Editorial San Marcos / Nacionalidad Perú / páginas 50

Doctor de La Cantuta


Oswaldo Reynoso con su atuendo de doctor honoris causa de la U. Enrique Guzmán y Valle. La ceremonia se realizó el viernes pasado en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia.
Fuente: Diario la República

miércoles, 30 de enero de 2008

Revista Literaria Remolinos #30


Saludos, estimados lectores de la Revista digital de creación literaria Remolinos. Le informamos que acabamos de editar el número 30 de nuestra revista correspondiente al mes de Febrero – Marzo 2008, la cual contiene la más selecta expresión literaria y cultural de autores de diferentes partes del mundo:


Editorial:

Apuntes sobre la esperanza en el artePor: Paolo Astorga



Poesía:


María Teresa Archina
Rudy Alfonzo Gomez Rivas
Juan Carlos Vásquez
Mariana G. Nastri de Carreira
Lucía Angélica Folino
José Jiménez
Miguel Tipacti Tataje
Oscar Portela
Miguel Fajardo Korea
Gabriel Carvallo
Luis Vega Molina
Gabriela Bruch
Carlos Caballero
Leopoldo González
Julio Campos Ávila
Pablo Martínez Antúnez
Javier Flores
Yamilka Noa
Nicolas Folch Maass
Eugenia Coiro
César Pineda Quilca
Favio Alvarez Ojeda
Karina García Albadiz
Guillermo Mattos
Héctor J. Álvarez
Lady López Zepeda
C. A. Campos
Axthedmio Mau Guil


Narrativa:

Ana María Manceda
Gladys Abilar
Alberto Fernández
Carlos Almira Picazo
Mercedes Sáenz
Antonio J. Olivera
Odilón Moreno Rangel
Romina Ramos
Jorge Serra
Ricardo Abadía
Cristóbal Villalobos
Jesús Ademir Morales Rojas
Carlos Montuenga
Daniel Alejandro Gómez



Entrevistas:

A. Morales Cruz
Roy Dávatoc
Patricio Alvarado


Crítica Literaria:

Del Indigenismo Paternalista al Liberacionista: Modos de ver al indio en la literatura peruana
Por: César Pancorvo

"Camino del cielo" ("Himmelweg") del dramaturgo español Juan Mayorga. Teatro San Martín; sala Casacuberta
Por: Ana Cecilia del Río

El Ser y el tiempo en el libro
"Inmigrante a Palos"
Por: Samuel Cavero

De la poesía cínica al lector estoico
Por: Antonio Rodríguez Salvador


Artículos:


YO ES OTRO
Barbieri vs Barbieri
Por: Ronald Castillo Florián

Nietzsche el aforista
Por: Ricardo Martínez

El tiempo ese tren arrollador
Por: Rosa Ramos

1001 pinturas que hay que ver antes de morir. Las artes silenciosas
Por: María Aixa Sanz


*Reseñas:


Despojos
De: Rubén Balseiro

Ad gloriam
De: Francisco León

Revista Hybrido
De: Varios autores

El quirófano
De: Varios autores


*Nota: Esta sección es para mostrar las reseñas de los libros han llegado a nuestra redacción. Si desea enviarnos su libro, ya sea poesía, narrativa, ensayo, o revistas, puede enviar un ejemplar de la obra a la dirección postal siguiente:

Sr. Paolo Astorga
Av. Malecón Checa 557
San Juan de Lurigancho
Lima 036, Lima-Perú


Agradecemos desde ya su gran contribución para con este espacio.



Lo invitamos a disfrutar de esta nueva edición que ha sido creada exclusivamente para todos ustedes.

Agradeceríamos eternamente que distribuya esta información a todos los que desee conveniente.

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Saludos y Éxitos,

Paolo Astorga
Editor de La revista digital de creación literaria Remolinos.Descarga gratis el libro de poemas Anatomía de un vacío, escrito por Paolo Astorga, sólo has cliq aquí

viernes, 7 de diciembre de 2007

Entrevista al poeta chileno Gonzalo Rojas:


“Yo soy herida, Yo soy un poeta fisiológico”


Por Augusto Rodríguez

Gonzalo Rojas nació en Lebú (Chile) en el año 1917. Ha recibido numerosos premios internacionales entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por «Poesía Inédita» 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003. Basta con leerlo para acercarnos a este poeta que es todos los poetas a la vez. A la iluminación de su poesía y a su discurso de piedra inagotable. Esta entrevista pretende conocer un poco más a este poeta chileno que es uno de los poetas pilares de nuestra lengua:
Gonzalo, ¿Cuénteme de su infancia y cómo empieza a escribir poesía?

Cuando era niño era asmático y de paso tartamudo, así que se me dificultaba hablar. No hablaba pero la palabra la sentía muy dentro mío (esto lo digo sin ánimo de pretensión). Soy un animal esdrujulario. Todo empieza por una dinámica personal. Me estimulaba los sonidos, la iluminación. Estaban allí, en mí. Yo me considero un poeta pasable nada más. Yo solo vivo la vida y la poesía. Es decir, esta relación vida y poesía. Sólo que la transfiguro nada más. Como dice Goethe: un poeta de circunstancias. La palabra se me encendía, se me mostraba desafiante, me transportaba. Mire amigo mío, yo no creo que la palabra tenga que nacer de mentes sórdidas o confundidas que solo confundan la poesía. Y los que estén confundidos que no escriban y vayan al doctor o al psiquiatra, igual ellos no te ayudan a solucionar tu problema, me entiende. La palabra debe ser un ente vivo y solo escribir desde la sinceridad y de lo que te fue dado. No busquen otras cosas. Hay que ser honesto, sincero, verdadero con uno mismo, me entiende, real. Yo creo eso, yo no soy brujo ni nada que se le parezca.

¿Qué me puede decir de su paso por el grupo Mandrágora?

El año 1938 unos jóvenes liderados por Braulio Arenas, pensaron que era importante un ejercicio literario que tuviera como centro el surrealismo. Y a partir de ellos expusieron y dieron conferencias en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, esto fue en el año 1938. Yo entré en este grupo en el mes de septiembre de ese año. Sin ningún interés surrealista, mas bien por curiosidad y porque había leído en serio a los dadaístas. En el año 1941, es decir años después me retiré de ese grupo. No me interesó. No tengo ninguna reserva contra ellos. Me fui porque nada tenían que ver con los movimientos surrealistas de Perú con César Moro o Emilio Adolfo Westphalen a la cabeza o de los argentinos, que era liderado por un médico y poeta argentino Aldo Pellegrini que sí tenían un pensamiento surrealista de verdad.





¿Cómo fue su relación con Teillier, Lihn, Anguita y con los poetas chilenos de su época?

Teillier y Lihn son más jóvenes que yo. Anguita que era del 1914 y yo del 1917, es decir somos más cercanos. Anguita realmente tenía talento. Su obra es a ratos cercana a la mía, pero a la vez distante. Mire en la poesía chilena sólo hay tres grandes poetas que son: Vicente Huidobro que conocí y lo quise bastante. Fue el único que en verdad nos liberó. Puso libertad en nuestras cabezas de jóvenes principiantes de 20 años. El segundo fue Pablo de Rokha, pueden decir lo que sea de él que era rudo, cruel, desmedido pero fue el único que puso en marcha los istmos, la vanguardia y sobre todo la ruralidad como lo hizo el mexicano Rulfo pero en prosa. El otro poeta es por supuesto Pablo Neruda que a los quince años escribía con una cierta madurez, es el más precoz de todos; él leyó bien a los poetas franceses, no hay duda. Su gran libro es Residencia de la tierra, pero escribió cien libros más muy malos. ¿A quién se le ocurre escribir 140 libros por Dios? Lo que pasa amigo, es que acá los chilenos somos muy generosos. Todo lo que es nuestro lo alabamos. Decimos que toda la poesía de este lado del Continente es decisiva pero no es así, somos pasables no más. Pasables nada más, repito, amigo mío. Sólo hemos tenido tres grandes poetas y nada más.

En su poema Carbón se abarca la relación padre-hijo, que a mí personalmente me interesa mucho, ¿qué me puede decir de esto?

Es un poema que habla de la distancia. Mi padre muere cuando yo tenía 4 años. Él vive en mi mente. Y hasta acá sigo oliendo la mina de carbón bajo el mar. Lo oigo en vilo. Lo oigo a mi padre y por eso escribí ese poema sobre mi padre, desde la distancia.

¿Se considera un poeta que escriba sobre erotismo?

Yo no soy un poeta erótico. Yo escribo desde la palabra para exaltar el cuerpo. El poeta español Cernuda escribió una vez: Hay cuerpo, y eso es lo que hay: Cuerpo. Para mí el placer es algo sagrado. El parto es algo sagrado. El orgasmo es algo sagrado. Pero hay necios que creen otras cosas sobre el orgasmo, ese minuto bello y hermoso es para mí algo sagrado, repito. Hay otros poetas que escriben sobre erotismo, yo soy un poeta que escribe sobre el cuerpo.

¿En uno de sus poemas se repite el mismo verso todo es herida; Gonzalo, el mundo sigue siendo una herida?

No es para tanto, amigo mío. Eso lo escribí hace mucho. La vida no es tan completa es verdad. Ella es mutilación y de ahí se abre la herida. Yo soy herida, yo soy un poeta incompleto, como tú seguramente, somos incompletos, aprendices, inconclusos como el resto de los seres humanos.

¿Usted ha ganado el Premio Cervantes y es eterno aspirante al Premio Nobel qué opina de eso?

Pues que los premios son tonterías, no sirven para nada. No significan ni deben significar nada, me entiende. Por qué no le dieron el Premio a Kafka o a Fiódor Mijáilovich Dostoievski. Debería haber un premio que se llame Premio Kafka o Premio Fiódor Mijáilovich Dostoievski pero no lo hay. Son tonterías que la gente se inventa. Y lo que es peor es un riesgo porque confunden al lector o al resto. Ya se cree que por ganarlo tal escritor se es más importante…eso es mentira. Y claro, a los que no ganan no se los ve igual, puras tonterías que no sirven para NADA.

¿En qué proyectos literarios se encuentra Gonzalo Rojas?

Mi último libro se llama Esquizo, que acaba de ser publicado hace pocas semanas. Yo no soy esquizofrénico ni mucho menos. Aunque sí creo que el poeta escribe como dice Baudelaire para un hipócrita lector. Para mí el poeta es todos los hombres a la vez. Cuando nace tiene esa universalidad. Después es maltratado, humillado, descompuesto, desbaratado por eso que llamamos colegios o liceos que lo echan a perder. Pierde su gracia, que le fue dada desde del inicio. Por eso yo afirmo que soy un poeta fisiológico.

Gonzalo Rojas, uno de los grandes poetas chilenos del siglo XX, nació en Lebú en 1917. Estudió derecho y literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, desempeñándose más tarde como académico en Valparaíso y Concepción. En esta última ciudad, a la que lo une un profundo vínculo, dictó clases de estética literaria en la Universidad de Concepción, casa de estudios donde más tarde asumió la Dirección del Departamento de Castellano. Además, ha ejercido la docencia (como profesor y conferencista) en diversas universidades del extranjero, entre ellas la Universidad de Utah, en Estados Unidos.
Gonzalo Rojas es, junto a Nicanor Parra, uno de los poetas chilenos vivos de mayor relevancia e influencia, tanto a nivel nacional como internacional, hecho que puede ser constatado en las numerosas críticas y artículos de prensa que se le han dedicado a su persona y a su obra y en los numerosos premios que ha recibido, entre ellos, el Premio Reina Sofía de España y el Premio Nacional de Literatura en Chile, obtenido en 1992. Miembro de la Generación Literaria de 1938 y cercano, en sus comienzos, al grupo de la Mandrágora, Rojas ha dejado en más de un texto indicios de su cercanía con la estética surrealista, situándose su obra en una línea de continuidad con las vanguardias chilenas y latinoamericanas del siglo XX. Su primer libro, La miseria del hombre (1948), ya da cuenta de una poesía vital, con una enorme carga existencial que, junto al erotismo, el compromiso social y el poder sonoro de la palabra, aspectos que se han convertido en elementos permanentemente presentes en la obra poética de Gonzalo Rojas, así como en sus diversos recitales, entrevistas y artículos. Autor fragmentario, Rojas sólo publicó tres libros entre 1948 y 1977, lo que no le impidió, sin embargo, ser considerado ya desde sus comienzos una de las voces de mayor importancia para la poesía chilena del siglo XX. Además se distinguió por su constante labor de difusión literaria, en la que destaca la organización, a partir de 1958 y hasta 1962, de los Congresos de Escritores en Concepción, en los que participaron autores tales como Allen Ginsberg, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa y Vicente Gerbasi, entre otros. Luego del golpe de Estado de 1973, y debido a su simpatía por el gobierno de Salvador Allende, Rojas debió partir a un largo exilio. De esta época datan poemas como “Cifrado en octubre”, dedicado a la muerte del dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Miguel Enríquez, en cuyos versos expresa su visión sobre esos tiempos: “Son los peores días, los más amargos, aquéllos/ sobre los cuales no querremos volver”. La Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos realizó una trilogía con lo mejor de la obra de Gonzalo Rojas, dentro de la cual se enmarca la publicación de ¿Qué se ama cuando se ama? (2000) y Réquiem de la mariposa (2001), y Al Silencio (2002).
El 10 de diciembre del 2003, la ministra de Educación, Cultura y Deporte del gobierno español, dio a conocer que, Gonzalo Rojas había sido ganador del Premio Miguel de Cervantes de Literatura 2003.


PERDÍ MI JUVENTUD EN LOS BURDELES

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido
ni un instante, mi bestia,
máquina del placer, mi pobre novia
reventada en el baile.
Me acostaba contigo,
mordía tus pezones furibundo,
me ahogaba en tu perfume cada noche,
y al alba te miraba
dormida en la marea de la alcoba,
dura como una roca en la tormenta.
Pasábamos por ti como las olas
todos los que te amábamos. Dormíamos
con tu cuerpo sagrado.
Salíamos de ti paridos nuevamente
por el placer, al mundo.
Perdí mi juventud en los burdeles,
pero daría mi alma
por besarte a la luz de los espejos
de aquel salón, sepulcro de la carne,
el cigarro y el vino.
Allí, bella entre todas,
reinabas para mí sobre las nubes
de la miseria.
A torrentes tus ojos despedían
rayos verdes y azules. A torrentes
tu corazón salía hasta tus labios,
latía largamente por tu cuerpo,
por tus piernas hermosas
y goteaba en el pozo de tu boca profunda.
Después de la taberna,
a tientas por la escala,
maldiciendo la luz del nuevo día,
demonio a los veinte años,
entré al salón esa mañana negra.
Y se me heló la sangre al verte muda,
rodeada por las otras,
mudos los instrumentos y las sillas,
y la alfombra de felpa, y los espejos
copiaban en vano tu hermosura.
Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor
a muerte.
No he podido saciarme nunca en nadie,
porque yo iba subiendo, devorado
por el deseo oscuro de tu cuerpo
cuando te hallé acostada boca arriba,
y me dejaste frío en lo caliente,
y te perdí, y no pude
nacer de ti otra vez, y ya no pude
sino bajar terriblemente solo
a buscar mi cabeza por el mundo.





¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es?
¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible? Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.







CARBÓN

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio,
lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.
Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.
Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos.
Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.
Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.
Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas
por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado
a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
-Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.




EL FORNICIO


Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tacara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire
felino de tu fragancia, te dijera española
mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
nórdica boreal, espuma
de la diáspora del Génesis... ¿Qué más
te dijera por dentro?
¿griega,
mi egipcia, romana
por el mármol?
¿fenicia,
cartaginesa, o loca, locamente andaluza
en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa
la cítara de Dios, en la danza
del fornicio?

Te oyera aullar,
te fuera mordiendo hasta las últimas
amapolas, mi posesa, te todavía
enloqueciera allí, en el frescor
ciego, te nadara
en la inmensidad
insaciable de la lascivia,
riera
frenético el frenesí con tus dientes, me
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
de otra pureza, oyera cantar las esferas
estallantes como Pitágoras,
te lamiera,
te olfateara como el león
a su leona,
para el sol,
fálicamente mía,
¡te amara!